2024 se presenta como un año electoral de gran relevancia a escala global, un vasto porcentaje de la población mundial se prepara para ejercer su derecho al voto, como México. En un contexto donde las redes sociales han adquirido una relevancia sin precedentes en nuestra vida cotidiana plataformas como Meta y Twitter han sido objeto de debate incluso antes del inicio formal de las campañas electorales, y ahora, en estos meses de campaña previos a la elección, el marketing político ha traspasado las fronteras del entretenimiento, inundando nuestros feeds con referencias a los candidatos y sus propuestas.
En este contexto, es vital examinar el papel de los bots, un fenómeno que ha cobrado cada vez más importancia en el escenario político-electoral. Si bien los bots no son herramientas formales, su presencia y efecto son innegables, y se han documentado ampliamente desde al menos el año 2016.
En procesos electorales recientes, como en Estados Unidos, Ecuador y Argentina, se ha observado el uso masivo de bots para difundir contenido tanto a favor como en contra de determinados candidatos. Por ejemplo, durante el debate presidencial en Estados Unidos, se estima que entre el 23% y el 27% de los enlaces compartidos fueron generados por bots. Asimismo, en Ecuador y Argentina, se ha evidenciado la difusión de hashtags que apuntaban a desacreditar a los candidatos de partidos opositores, todo ello con el objetivo de influir en la percepción pública y, en última instancia, en el resultado de las elecciones.
¿Cuál es el propósito de estos bots? Principalmente, se utilizan como herramientas de «guerra sucia» en la propaganda política, difundiendo información falsa o sacada de contexto para desacreditar a determinados candidatos o partidos. Sin embargo, lo que distingue a los bots modernos es su capacidad para simular un comportamiento humano en las redes sociales, interactuando de manera aparentemente natural con otros usuarios. Esta habilidad no solo amplifica el alcance del contenido generado, sino que también distorsiona la percepción de la popularidad real de una candidatura, creando una atmósfera de desinformación y desconfianza en el proceso electoral.
Los efectos de esta manipulación son profundos y multifacéticos. Desde la difusión masiva de desinformación hasta la creación de cámaras de eco que perpetúan un único punto de vista, los bots socavan los fundamentos de una democracia saludable al minar la confianza pública en el sistema político y en los propios candidatos.
En última instancia, enfrentar el desafío de los bots en el contexto electoral requiere una combinación de medidas técnicas y políticas, así como un mayor nivel de conciencia y educación cívica entre los ciudadanos (y por supuesto del ejercicio del periodismo). Solo así podremos salvaguardar la integridad de nuestros procesos electorales y preservar la esencia misma de la democracia.




