Así lo plantean , de la Universidad Complutense de Madrid, en su artículo “La figura del periodista frente al fenómeno de la desinformación en la era digital” (2024), donde proponen replantear el rol del periodista mediante el discurso en donde la información no solo es verídica sino creíble para la persona.
Desde esta perspectiva, herramientas como el fact-checking, aunque cumplen la función de verificar datos, su alcance es limitado ante audiencias que construyen sus creencias desde la emoción, la identidad o la experiencia personal. En estos casos, el desmentir fracasa e incluso puede reforzar las convicciones preexistentes.

El problema, señalan los autores, radica en que la estrategia solo se enfoca en el “hacer-saber” es decir, en proporcionar información, dejando de lado el “hacer-creer”, que implica construir confianza y sentido en la audiencia.
Frente a este escenario, el artículo propone una revalorización profunda del periodista, el profesional de la información debe asumirse como un “historiador del presente”, comprometido con la investigación, la contextualización y el rigor. Su tarea no es solo informar, sino ofrecer marcos interpretativos que permitan comprender la complejidad de la realidad.

La credibilidad no se impone: se construye a través de estrategias narrativas, marcas de historicidad y una enunciación que genere confianza. En este sentido, existen iniciativas centradas en la transparencia informativa The Trust Project, la Journalism Trust Initiative y el Transparent Journalism Tool, aunque pueden resultar limitadas si no logran incidir en el plano discursivo y emocional de las audiencias.

Por ello, para superar la limitación del simple desmentido, el artículo propone cuatro ejes fundamentales para restaurar la confianza y la veracidad en el espacio público: narrativas eficaces, promover la alfabetización mediática, fomentar el pensamiento crítico como herramienta y recuperar el prestigio de la labor periodística. Estos cuatro ejes buscan combatir la desinformación mediante la estrategia de “hacer-creer” y restablecer un consenso colectivo sobre lo que se interpreta como verdadero, lo cual solo es posible mediante un nuevo pacto de confianza discursivo entre el periodista y la sociedad.



